domingo, 12 de mayo de 2019

¿Existen las clases sociales y el conflicto entre ellas?


¿Existen las clases sociales y el conflicto entre ellas?


    Amancio Ortega es dueño de la gran empresa Inditex a la que pertenecen marcas como ZARA, Stradivarius, Bershka, Pull & Bear, Oysho y un largo etc. El propietario en 2018 embolsó diariamente 3,8 millones de euros, mientras que los empleados de las respectivas tiendas no llegaban a los 1000 euros por mes. No todo acaba ahí, en las fábricas textiles, los trabajadores cobran 1,5 euros el día, sin tener descansos, ni buena higiene, es decir, sin unas condiciones laborales reglamentarias. Si no era suficiente esto, se mandan a niños y niñas a trabajar a estas fábricas en la que son explotados diariamente, negando la asistencia al colegio. Cada vez que se incendia una de estas fábricas localizadas en países del tercer mundo, nadie hace caso de esto, pues lo único que importa es producir.
   Marx se refiere a la sociedad moderna como sociedad de mercado capitalista. Habla de sociedad moderna, ya que, a lo largo de la historia en todas las sociedades han existido clases sociales. En la Antigüedad estaban los esclavos y los ciudadanos libres; en la sociedad Feudal, el siervo y el feudal. En la actualidad, la sociedad moderna está dividida en la burguesía o capital y el proletariado u obrero. Aquí la inmensa mayoría pertenece al proletariado y una enorme minoría a la burguesía. La diferencia de estas, no reside en el ingreso sino en el poder.1 El proletariado (oprimido) no tiene nada más que ofrecer que sus habilidades, ya sea capacidad, organización o fuerza de trabajo pues, no tiene propiedad privada. Así, el capital (opresor) compra la fuerza de trabajo ajeno, comprando el derecho a usarla por un determinado tiempo. La relación que existe entre estas dos clases y el producto es que el proletariado lo produce pero no le pertenece, es decir, no eres propietario de lo que produce, mientras la burguesía es propietaria de lo que no produce.2
El sistema de producción capitalista tiene como característica el producir exclusivamente para vender y obtener beneficio. La teoría de la plusvalía explica, para Marx, el proceso de acumulación del capital fundado en la
enajenación del trabajo. Es, por tanto, el modo de producción capitalista el que está en el origen de todo el
proceso alienante, siendo la propiedad privada consecuencia directa de dicho modo de producción. Lo que
ocurre es que, una vez instituida, la propiedad (apropiación del plus-valor) genera necesariamente alienación, pues sostiene económicamente al sistema.3 La ganancia media del capitalista es recuperar la inversión más un plus, siendo el problema la sobre-producción.

Aún así, por mucho que uno no pueda “vivir” sin gemir por el paro o sin indignarse ante la tortura,  de denunciar al no subirle un punto más el sueldo al obrero, “saber vivir” seguirá siendo, como era para Platón; renunciar al pensamiento. Es decir, renunciar a ese nivel en el que un obrero es un obrero, un banquero es un banquero y un capitalista es un capitalista, ese nivel en el que, situados ante “aquello que hace bellas las cosas bellas” e “injustas las cosas injustas”, podemos por primera vez indignarnos ante la injusticia “invivible” que supone el que un obrero sea obrero, por bien o mal que le trate el capital. También en la “caverna” son posibles los lloriqueos humanistas antes los banqueros sinvergüenzas, ante los empresarios sin escrúpulos. Pero sólo “fuera de la caverna”, solo en el pensamiento o en la acción revolucionaria, es posible indignarse ante aquello que hace banquero a un banquero, capitalista a un capitalista, obrero a un obrero y militar a un militar. Por eso hablamos en su momento de una “renuncia al pensamiento”, porque a un obrero se le puede tocar, se le puede matar, se le puede torturar, se le puede subir el sueldo o incluso se le puede besar, pero aquellos que hace obrero a un obrero es “invivible”: sólo se puede pensar.4

  A pesar de todo, vivimos en un Estado de derecho, por tanto nadie está obligado a trabajar, nadie roba a nadie, nadie es esclavo de nadie y nadie se aprovecha de nadie, la verdadera cuestión es si esto es cierto. Las necesidades humana son crecientes, no solo hablamos de poder alimentarnos, sino también de todos los extras que han ido incorporándose como necesidad, por eso, la afirmación de somos un Estado de Derechos y por consiguiente, no estamos obligado a permanecer aquí, es una táctica de explotación laboral. Pues el capital es consciente de que el proletariado necesita trabajar para subsistir y lo va aprovechar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario